:: Por Cintia Neves ::

 

Si escuchamos éste nombre puede parecernos algo común, como el apellido de alguien desconocido, pero no lo es, es el hogar de los habitantes de la es villa6 ubicada dentro de los límites de Parque Avellaneda.

Hoy se encuentra en discusión la urbanización de los barrios carenciados y todo lo que lleva aparejado su regularización para su radicación definitiva.

Éstas medidas sin lugar a dudas proponen zanjar una deuda histórica que tiene el Estado con sus habitantes generando inclusión e igualdad de derechos y oportunidades para TODOS. Pero la pregunta obligada aquí sería, ¿a qué costo?

Lamentablemente toda urbanización de villas trae aparejado un costo político, los responsables de llevarla a cabo cubren toda las etapas evolutivas de éste proceso, muchas veces con una realidad ficticia, mostrando el antes y el después como una especie de cuento de “Cenicienta”, en el cual se denota el cambio que se produce en la infraestructura de una villa que luego pasa a transformarse en urbe; pero como en el cuento la magia se termina cuando los vecinos del lugar expresan su disconformidad en cuanto a que no se los tienen en cuenta en la diagramación de los planes a realizar, que no se realiza un trabajo de fondo para solucionar las problemáticas internas del barrio, como el tendido de cloacas, y esto es sólo para dar un ejemplo.

Para encontrar una respuesta real al problema de las villas debemos estar dispuestos a discutir sobre temas como trabajo social, políticas de inclusión, planes de urbanización, igualdad de derechos y oportunidades, marginalidad, indiferencia, desidia social, corrupción, redes delictivas, vecindad; pero más que todo concebir una real voluntad de cambio hacia el progreso y la equidad social.
Si no nos adentramos en las profundidades y en la raíz de esta problemática siempre nos quedaremos remendando la superficie y no reparando la herida social que estigmatiza a los vecinos de nuestras villas, y eso involucra también tratar sobre la distribución de las riquezas, las diferencias de clases, las fronteras psicológicas que levantan prejuicios y rechazos hacia los sectores más carenciados de nuestro país.

El llamado progreso social no sirve sino va a acompañado de una evolución del pensamiento, de una nueva forma de pensar nuestro país, desde sus adentros, desde la base de su estructura, desde sus cimientos, dónde los márgenes o límites que lo conforman, cada vez sean menos marcados, estén menos delimitados porque existe una amplitud e integración que nos conforme a todos.

Siempre existirá la lucha de las conveniencias presentes e individuales contra los ideales futuros y generacionales, pero la fuerza del número siempre determinará una ventaja, entonces sepamos advertirla para sumar nuestro compromiso.

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