Cuenta la historia que siendo 12 de Octubre del año 1945 el General Juan Domingo Perón fue detenido por el General Farrel; en aquellos días la CGT había declarado huelga general para el día 18 con el fin de reclamar el mantenimiento de los beneficios laborales obtenidos durante la gestión de Perón. Así es como la historia se detuvo, un día cualquiera “octubre era el mes”, para lograr que esa fecha sea recordada como símbolo de la victoria más audaz que un pueblo ha llevado a cabo para defender un liderazgo que tanteaba en aquellos días la gloria del peronismo naciente.
La intromisión de todo un pueblo, colándose en la vida política del país, reclamando la liberación de su líder que representaba la fuerza nacional que necesitaban; ese día se abrió bandera y la Patria combatió desde la vanguardia.
Fueron días de lucha que sacudieron los cimientos políticos de la clase trabajadora, días en que las masas obtuvieron la madurez de la unión en pos de un ideal firme y esencial, surgiendo de allí una fuerza política que daría para hablar por mucho tiempo generando la antinomia peronismo- anti peronismo.
No había mucho por hacer ya, el pueblo se había enamorado de Perón y como cualquier enamorado defendería con pasión y sacrificio la libertad que le correspondía.
La lealtad del pueblo pagaría el precio casi como una fianza y postreramente quedaría saldada con el ascenso al poder del beneficiado, aquel que generó en el espíritu nacional la fidelidad y devoción más absoluta encarada como una virtud combativa y dignificante.
Son esos momentos históricos en que cualquier nacionalista quisiera haber estado porque impregnan el alma de un pueblo de la solidaridad conjunta que categoriza la formación política de raigambre universal. La universalidad del objetivo común que aúna en un mismo sentimiento el querer profundo que nace de las causas nobles y justas.
Como legado de aquel día el peronista debe guardar para sí, el valor profundo de la lealtad, virtud, condición o valor que anima su fe y caldea su pasión, que se fija en su militancia, resiste en la lucha y vence desde la lógica de su temperamento tenaz.
Sea cual fuere el juicio que merezca conmemorar esta fecha no quedan dudas que ha marcado la hora en que las fuerzas conjuntas lograron esgrimir la metamorfosis más completa de convertir un reclamo en la virtud más excelsa que un militante debe poseer: la lealtad que lo dignifique.

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