El Autódromo Gálvez, de Villa Lugano, tiene 180 hectáreas. Quieren convertirlo en un polo de inversiones vinculadas a la industria automotriz.

El Ejecutivo porteño envió a la Legislatura una modificación del proyecto que el año pasado obtuvo dictamen de comisión, pero que no llegó a aprobarse por falta de acuerdo con la oposición.

El Autódromo Gálvez, ubicado en Villa Lugano, tiene 180 hectáreas divididas entre la pista de carreras y espacios sin uso. Antes de que el gobierno impulsara el regreso del TC2000, el autódromo  había sido dejado de lado por las principales categorías por el avanzado deterioro de la pista.

El año pasado, el entonces ministro Francisco Cabrera impulsó un proyecto que creaba un fideicomiso administrado por la Corporación Buenos Aires Sur para poner en valor el circuito y concesionar el predio en su totalidad por 30 años. Además, premiaba con exenciones fiscales a los inversores que financiaran las obras, y les permitía la explotación de todos los negocios colaterales previstos: hoteles, restaurantes, concesionarias y museos.

Ahora, un proyecto alternativo que elaboraron en el Ministerio de Modernización prevé un cambio de “espíritu y de forma”, según explicó en off un funcionario de la cartera que encabeza Andrés Freire. El título de la iniciativa viró de Autódromo a Proyecto Villa Lugano, y con el que pretenden abarcar una serie de impulsos al desarrollo de la zona.

Si bien el fideicomiso se mantiene en el nuevo texto, el alcance de la iniciativa es más ambicioso. La prensa accedió a los pormenores del proyecto, que prevé la apertura de calles y la urbanización de unas 41 hectáreas, en las que no habrá viviendas pero sí un “desarrollo comercial”. “Buscamos que el autódromo sea un catalizador del desarrollo en la zona sur”, explicaron desde ese ministerio. Además se crearían unos 50 mil m2 de parque público.

El fideicomiso no estará en manos de la Corporación Buenos Aires Sur, que fue corrida de escena. Se creará, en cambio, un área de administración dependiente de Modernización, que velará para que todos los aportes se traduzcan en inversión para mejorar el autódromo. La Ciudad mantendría la mayoría de las acciones, mientras que el Automóvil Club Argentino (ACA) será uno de los controlantes. El ACA además edificaría allí el Museo del Automóvil.

A cambio de la inversión, los privados recibirán exenciones fiscales, pero deberán pagar un canon (“mínimo”, aclararon) por el uso de las instalaciones. Ese dinero se utilizaría para mantener el circuito, que sí estará administrado por la Ciudad.

Los negocios que se habilitarán estarán relacionados con el automovilismo. Habrá concesionarias de nuevos y usados, talleres y gomerías; una escuela de pilotos, un “clúster de mecánicos” y un “semillero de pilotos”. “El gran desafío sería formalizar y transparentar una especie de Warnes ahí”, señaló uno de los funcionarios a cargo del proyecto, en referencia a la calle porteña por excelencia para la compra venta de autopartes, muchas de ellas de dudosa procedencia.

En una primera etapa, el gobierno porteño invertiría unos 3 millones de dólares para poner a punto el circuito. Las obras demandarían un año. Luego ingresarían los capitales privados con alrededor de 4,5 millones de dólares para comenzar con la “urbanización” de unas 6 hectáreas que hoy se utilizan como estacionamiento informal. La Asociación de Concesionarios de Automotores y la Asociación de Fabricantes de Automotores ya habrían comprometido parte de la inversión. En la segunda etapa se continuaría con la urbanización, que estaría finalizada recién en ocho años y demandaría otros ocho millones de dólares.

Las modificaciones al proyecto serán tratadas en un plenario de comisiones de Presupuesto, Planeamiento Urbano y Desarrollo Económico. La idea del Ejecutivo es votar la ley en septiembre en primera lectura, para luego hacer una Audiencia Pública y darle sanción definitiva en noviembre.