El nuevo proyecto implica una actualización del Código de Planeamiento Urbano vigente desde 1977.

El Código de Planeamiento Urbano es, ni más ni menos, que la guía que le da forma a la Ciudad. Es el texto madre que le otorga una impronta a las zonas, los barrios y las diversas construcciones que allí se realizan. El actual código vigente fue elaborado en 1977 y desde entonces se le han realizado distintas modificaciones, que los urbanistas criticaron en reiteradas ocasiones.

Según publicó el diario La Nación, el gobierno está confeccionando el nuevo código sobre la base de varios ejes: eliminar el uso del FOT (Factor de Ocupación del Terreno), homogeinización de las alturas, revalorización de las zonas postergadas, movilidad peatonal y el concepto de ciudad policéntrica.

“No sólo objetivamente es necesario modificar el código, sino que además el gobierno está obligado por ley a hacerlo”, explicó a la prensa el arquitecto y editor de Café de las Ciudades, Marcelo Corti. “La idea que siempre se discute es la creación de un código basado en la morfología, abandonando el FOT. Por supuesto que existe una lectura a favor y otra contra”, advirtió.

¿Por qué sería malo eliminar el factor de ocupación del terreno? “Hay que tener control sobre la constructividad, y además debería plantearse un sistema de compensación urbana para aplicarles a las grandes construcciones”, añadió Corti.

Si bien el texto completo del proyecto no se conoce aún, algunos funcionarios han dejado trascender que se incorporarán las villas al tejido urbano. Hoy, las construcciones en los asentamientos se encuentran en un vacío legal, con la imposibilidad de formalizarse.

Para Corti, además, el modelo de construcción que proponga el nuevo código no puede estar divorciado de la proyección demográfica de la Ciudad. “Esto es lo que llevó al fracaso no sólo al código vigente, sino a todas las modificaciones que se hicieron: se le dio más espacio a la construcción atada a la especulación que a las necesidades reales”. Esto explicaría, según el urbanista, el paisaje disímil entre los distintos barrios donde el mercado construyó vorazmente, y aquellas zonas relegadas.

Otro importante urbanista de la FADU -que opinó en off- también festejó el anuncio: “Es una buena noticia que quieran suplantar al actual código, que no entiende nadie.” Y también advirtió: “Desde lo conceptual, estamos todos de acuerdo. Pero con un fósforo podés calentar tu casa, pero también podés hacer napalm”.

“Hay que tener un código que no sea disruptivo, sin sorpresas. El código de planeamiento actual obsoleto. Ningún vecino sabe qué obra le puede aparecer al lado de su casa”, concluyó.