Juzgarán a un bombero de la Policía de la Ciudad por homicidio

El hecho ocurrió en Barracas. El acusado es suboficial Adrián Gustavo Otero, mientras que la víctima fue víctima Cristian Ramón Toledo Medina.

Un bombero de la Policía de la Ciudad será juzgado por el homicidio de un joven al que acusó de intentar robarle junto a dos amigos a mediados del año pasado en el barrio porteño de Barracas, informaron fuentes judiciales.

Se trata del suboficial Adrián Gustavo Otero (46), el primer efectivo de la Policía de la Ciudad en llegar a juicio por un aparente caso de gatillo fácil, del que fue víctima Cristian Ramón Toledo Medina (25), según la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi).

La elevación a juicio del caso fue dispuesta por el juez de instrucción Osvaldo Rappa, quien ya había dictado la prisión preventiva del efectivo por el delito de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego y abuso de su condición de integrante de una fuerza de seguridad”, dijeron a la agencia Télam fuentes judiciales.

Además, Rappa lo había procesado por el mismo delito pero en grado de “tentativa” en perjuicio de los dos amigos de Toledo Medina que se encontraban con él al momento del hecho, Carlos Daniel Gavilán (24) y Jorge Daniel Nadalich (25).

“Hace dos semanas le rechazaron de nuevo la excarcelación. Eso es tan extraordinario como la fuerte calificación por parte del fiscal y el juez”, dijo a la agencia de noticias Télam la abogada María del Carmen Verdú, de la Correpi.

Por su parte, el acusado había declarado en su indagatoria ante la Justicia que él disparó contra el auto en el que se movilizaban los tres jóvenes porque quiso evitar que le robaran.

El hecho investigado ocurrió el sábado 15 de julio último a las 7.30, en el cruce de la avenida Vélez Sarsfield y Australia, en Barracas, donde Toledo Medina, de nacionalidad paraguaya, circulaba en un auto Alfa Romeo de diez años de antigüedad, patente BFI-680.

Según los voceros, la víctima iba acompañada por Gavilán y Nadalich, ambos residentes en la villa 21-24, ubicada a unas diez cuadras de distancia.

De acuerdo a la versión del bombero Otero, en la mencionada esquina el conductor del Alfa Romeo descendió del auto y, con un trozo de piedra, comenzó a golpearle el vidrio de la puerta delantera izquierda del Renault Logan gris, dominio NLX-954, en el cual él se encontraba.

Ante esta situación, y creyendo que se trataba de un intento de robo, Otero se identificó como oficial de Bomberos de la Policía de la Ciudad, tras lo cual, Toledo Medina se subió al vehículo con los otros jóvenes y comenzaron a circular por avenida Iriarte, según la declaración del acusado.

El bombero, oriundo de la localidad bonaerense de Lanús, relató a la Policía que comenzó a dispararle a las ruedas del Alfa Romeo mientras escapaba, hasta que el vehículo impactó en la ochava de la esquina de Vélez Sarsfield y Santo Domingo.

Los efectivos de la comisaría 30 que arribaron al lugar hallaron a Toledo Medina muerto en el asiento derecho del rodado y advirtieron que presentaba una herida de arma de fuego a la altura de la tetilla derecha.

“Otero continuó disparando y se colocó con su auto junto al lado izquierdo del otro vehículo en que viajaban las víctimas y, con la intención de quitarle la vida, efectuó al menos tres disparos contra el conductor, Nadalich, pero no impactaron”, señaló el juez Rappa en el auto de elevación a juicio al que Télam tuvo acceso.

Luego, los policías aprehendieron a los dos jóvenes que acompañaban al fallecido por “tentativa de robo” y a Otero por “homicidio”.

Sin embargo, Gavilán y Nadalicha fueron excarcelados al día siguiente ya que ninguno de los dos tenía antecedentes penales.

“Otero es el primer Policía de la Ciudad en ir a juicio por un caso de gatillo fácil”, resaltó Verdú, quien destacó también la “calificación a la que suelen escapar cuando pueden, porque además de conducir a perpetua como única opción de pena, señala claramente la responsabilidad estatal”.

Tras el crimen de Toledo Medina, el padre Lorenzo “Toto” De Vedia, de la villa 21-24, ofició una misa frente al Palacio de Tribunales.

De Vedia coincidió en que los jóvenes “no estaban armados” y que “lo del robo es una interpretación del bombero que los persiguió”.

Cristian, a quien apodaban “Paragüita”, trabajaba en una ferretería ubicada frente a su parroquia y era “muy querido por todos en el barrio porque era un chico muy trabajador”, dijo en su momento el sacerdote.