Los vecinos no pueden usar una plaza porque es peligrosa

Son las 12 del mediodía y los chicos salen del Instituto San Isidro Labrador al boulevard del mismo nombre, en ese punto en el que Saavedra va mutando en Núñez. En diagonal hay una plazoleta con juegos, pero ningún nene cruza a jugar ahí. Tampoco otros pequeños vecinos del barrio. En una zona con un metro cuadrado de hasta 3.500 dólares y un creciente polo gastronómico, la plaza tiene estructura de hamacas pero no tiene hamacas, tiene arena pero está sucia y tiene trepador pero uno que tiembla, al que le faltan escalones y donde el año pasado una nena se accidentó: su rodilla quedó trabada entre dos tablones y tardaron 15 minutos en sacarla.

Esta plazoleta ni siquiera tiene nombre de tal: en el catastro está anotada como un cantero, el Oliverio Girondo. Queda en San Isidro Labrador 4571, entre Arias y Ramallo, a una cuadra de la avenida Cabildo. En los negocios de los alrededores, las quejas por el estado de los juegos es habitual. En la inmobiliaria Del Campo, que está en diagonal, ya están acostumbrados a escucharlas. También en el café Rica Saavedra, que está enfrente.

“Yo traía a mi hijo de cuatro años cuando recién abrí el local, perocomo no hay nada se aburre”, cuenta Soledad Mirabelli, dueña del café. A pocos metros, un padre que espera que su hijo salga del jardín de infantes agrega: “Una vez salimos y el nene dijo ‘Papá, quiero hamaca’. Pero al final no había, así que seguimos de largo”.

Con todo, lo más grave no es lo que falta, sino el mal estado de lo que sí hay, y que torna inseguro el espacio. Claudio Campoblanco se mudó a la zona hace pocas semanas y ya llevó a su hijo de tres años a jugar a la plazoleta, pero no quiso volver. “Es un desastre total. Mi hijo se divierte con cualquier cosa, no advierte el peligro que es”, lamenta.