Salas generales de internación sin intimidad, trabajo de parto en el pasillo y camas viejas y oxidadas. Un informe de la Auditoría porteña corrobora el estado crítico de algunas maternidades públicas.

Por lo menos cuatro hospitales de la ciudad carecen de condiciones mínimas para acompañar a las mujeres en el parto de forma segura y confortable. Los problemas son múltiples: salas de obstetricia sin lugar para hacer trabajo de parto; salas de parto compartidas, sin intimidad ni espacio para que la parturienta pueda estar acompañada; servicios de neonatología tan saturados o reducidos que las madres no pueden estar cerca de su bebé internado; camas de parto y mobiliario viejo y oxidado. Así es como las mujeres tienen a sus hijos en los hospitales Argerich, Piñero, Penna y Santojanni, según un informe de la Auditoría General de la Ciudad.

En noviembre del año pasado la Auditoría presentó un informe del estado de las maternidades de cuatro hospitales públicos. La Ley de Parto Respetado reconoce a la mujer como protagonista de su parto y le da derecho a decidir cuáles prácticas admite y cómo parir. Pero lejos de cumplirse, las condiciones en que se atienen los partos rozan los malos tratos y las prácticas inhumanas.

Falta de camas que obligan a que el trabajo de parto transcurra en los pasillos, salas generales de internación sin ninguna intimidad, parturientas con sus recién nacidos acostadas por horas en camillas provisorias esperando que se libere una cama.

Según el informe, en los sectores de neonatología y obstetricia de estos cuatro hospitales no están garantizadas las condiciones de asepsia, no hay salidas de emergencia, no hay salas para hacer trabajo de parto y -por la falta de espacio- las mujeres no pueden estar acompañadas.

La Auditoria también relevó que en el Penna, el Santojanni y el Piñero no hay suficientes camas de dilatantes, no se respeta el espacio mínimo por cada recién nacido y no hay sillas para que las madres puedan estar junto a la cuna de su bebé internado.

En el Hospital Piñero la sala de parto es compartida simultáneamente por tres parturientas.

“Hay momentos en que ni siquiera se entregan camisolines, porque no hay, y las mujeres tienen que parir totalmente desnudas en una sala compartida. Es violento”, contó a La Prensa un trabajador del servicio de obstetricia del Hospital Piñero, que prefirió no dar su nombre.

El informe de la Auditoria también dice que en ninguna de las cuatro maternidades se respeta el espacio mínimo entre cada cuna y que no hay biombos para separar las camas de las mujeres internadas.

Otro problema es que en los cuatro hospitales las salas de partos, el sector de atención al recién nacido y la internación neonatal no tienen comunicación directa, por lo que en algunos casos hay que recorrer con el recién nacido pasillos internos y externos del hospital.

“Es inconcebible que las mujeres no puedan estar con sus hijos recién nacidos por falta de enfermeras y espacio físico, cuando los especialistas y las madres sabemos lo importante que son esos primeros momentos de contacto”, dijo a La Prensa Cecilia Segura Rattagán, presidenta de la Auditoría.

La falta de privacidad y de intimidad en las salas de obstetricia puede ser extrema: los trabajadores sociales que acompañan a las mujeres que fueron violadas, o viven situaciones de violencia u otra complicación deben buscar dónde conversar a solas con las mujeres. A veces es un cuarto de limpieza.

“Las condiciones de estadía de las mujeres son pésimas. Las salas de obstetricia son un desastre, las camillas son viejas y están oxidadas, no hay biombos para separar las camas, no dejan entrar a los papás y el trabajo de parto se hace ahí mismo o en un pasillo”, contó otro trabajador del Piñero.

Fuente: Redacción Z

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.